Sociedad 20/07/2017 . Hora: 07:20
Un estudio de la Universidad de Berkeley en California evidenció que no solo el gusto puede afectar el peso, sino que también puede hacerlo el olfato. Esto se debe a que el olor de la comida puede potencialmente ralentizar el metabolismo y en consecuencia nos deja más expuestos a la acumulación de grasas.
El olor de la comida despierta en nuestro cerebro un mecanismo asociado al inicio de una ingesta y al mismo tiempo dispara a nuestro organismo la orden de ponerse en marcha para ese acontecimiento. Aunque no comamos en efecto, el cuerpo se pone en funcionamiento.
¡Malas noticias para las encargadas de la cocina!
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