Los comercios y pymes quiebran en la ciudad a raíz de la crisis financiera que provoca el COVID-19. La plata no alcanza, la gente no tiene para comer, y la soga en el cuello aprieta cada vez más.
A su vez, el aislamiento social, preventivo y obligatorio se debe respetar. ¿Se respeta? No, no se cumple, menos en La Plata.
La ciudad es un caos, la gente pasea sin barbijo como si no fuese necesario. 'Voy hasta acá a la vuelta, no pasa nada', le gritaba una mujer a la vecina que le insistía con el uso del mismo.
Los controles escasean. Y desde el municipio local parecen hacer caso omiso a las medidas que deben regir y respetarse. ¿A qué sale el ciudadano? ¿Por qué volvieron a aparecer los congestionamientos viales en las avenidas principales de la ciudad?
En primera medida, una parte de la ciudadanía local, inconsciente, claro, se hartó de respetar el aislamiento, y salió a irrumpir la cuarentena, perjudicando a propios y extraños, siendo un arma letal en plena vía pública cuando el cuidado tendría que ser extremo hasta que el presidente no dicte lo contrario.
Por su parte, la Municipalidad de La Plata, parece haberle dado vacaciones al personal de Control Urbano; no existen los controles, y el ciudadano hace lo que quiere. Literal.
Entonces, como simple análisis, los comercios deberían volver a abrir sus persianas y la gente moverse a su gusto por los diferentes puntos de la ciudad, realizando nuevamente sus actividades normales. Si nadie respeta y, quien debería cuidarnos y protejernos, brilla por su ausencia.
¿El municipio activará de una vez por todas las medidas drásticas para que este aislamiento se respete y los platenses que sí lo hacemos, no suframos las consecuencias? La respuesta no aparece, y los 50 casos confirmados en La Plata, si no se toman las medidas correspondientes, podrían elevarse y colapsar el sistema de salud.




