Volver al 2003-2007 sin el ajuste de Duhalde del 2002: Misión Imposible

Opinión 18/10/2020 . Hora: 09:09

Desde el regreso de la democracia, solo hubo dos periodos de crecimiento sostenido y alto en Argentina. De 1991 a 1995, y del 2003 al 2008. La idea de Alberto Fernández era recrear un proceso similar a éste último. Pero el camino tiene muchas piedras y el contexto no es el mismo.

Hace un par de meses, el presidente y Martín Guzmán ratificaron esta intención cuando nombraron cuáles iban a ser los pilares de la economía argentina post acuerdo con los bonistas: acumular reservas, dólar competitivo, aumentar exportaciones y llegar al equilibrio fiscal. La receta lavagnista 2002-2005.

El problema es que para llegar a esos pilares primero existió en el 2002 un ministro como Remes Lenicov y un presidente como Duhalde que asumió los costos negativos de la megadevaluación. Esa megadevaluación llevó la inflación a un 40% (luego de una década de estabilidad de precios), elevó la pobreza a un 56% y dejó los salarios en dólares pulverizados.

Pero esa megadevaluación también acomodó las cuentas públicas: emergió un elevado superávit fiscal y comercial, y se abarató el costo de la mano de obra, lo que permitió la recuperación de las industrias intensivas en trabajo, afectadas durante buena parte de la convertibilidad. También el mundo hizo lo suyo: Brasil y China crecían como locomotoras y traccionaban nuestras exportaciones, al tiempo que el precio de la soja no paraba de subir, facilitando el ingreso de dólares al Banco Central.

Pero para los efectos positivos de la devaluación del 2002 hubo que esperar un poco. De hecho, Duhalde debió adelantar las elecciones. Los brotes verdes le llegaron más a Néstor Kirchner que al ex gobernador bonaerense.

Hoy, llegar a esos pilares económicos del 2002-2008 parece una misión imposible. El superávit fiscal luce muy lejano y la inestabilidad cambiaria no da tregua desde mayo del 2018, con leves paréntesis de tranquilidad en el medio. El efecto positivo que tuvo el cepo en un principio (moderar la compra de dólares) está agotado. Pero una salida del cepo mal calibrada podría también ser catastrófica: llevar el dólar a valores incluso más devaluados que el 2002, lo que tendría un consecuencia muy perjudicial en la inflación y la pobreza.

En el Banco Central dicen que esta tensión es temporaria. Y responsabilizan a los bonos de Luis Caputo (ex presidente del Banco Central durante el 2018) por las zozobras en el Contado con Liquidación. Son los fondos de inversión que quedaron atrapados y ahora buscan irse del país. Pero más allá de las culpas, queda claro que "no hacer nada" no es una alternativa válida actualmente. Algo debe cambiar 180 grados para que se restablezca la confianza en la economía argentina y se dispersen las expectativas devaluatorias.

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