Una historia íntima que empezó como tantas otras terminó en una escena que nadie imaginaba: un hombre de 62 años detenido, una niña de ocho llevada de una provincia a otra sin autorización judicial, y una catarata de acusaciones que, según su entorno, se activaron justo después de una derrota en tribunales.
Luis Fernando González Stegmann y Magdalena María Barrio, médica oftalmóloga de 42 años, iniciaron su relación en 2015 y la dieron por terminada en 2024. Tuvieron una hija —se omite el nombre por ser menor— y, de acuerdo con el relato del caso, la convivencia se mantuvo estable hasta que a él le diagnosticaron un enfisema pulmonar grave. Fue entonces cuando, siempre según esta versión, la relación comenzó a resquebrajarse: ella se mostró distante, apareció una carta de amor atribuida a un paciente y poco después pidió la separación. Se mudó de la casa de Olivos y, al intentar obtener la tenencia, lo denunció por “acoso”, denuncia que no prosperó.
El punto de quiebre llegó cerca del 10 de diciembre de 2024. Barrio se llevó a la niña a Mendoza —de donde es oriunda— con el argumento de pasar una semana por las fiestas. El viaje no habría sido consensuado ni autorizado por un juez. Pero esa “semana” se convirtió en más de dos meses. Ante la falta de restitución, González Stegmann viajó a Mendoza y pidió judicialmente que su hija regresara. Tanto la Justicia mendocina como la de San Isidro resolvieron que la menor debía volver a Olivos y retomar su colegio, señalando entre los motivos que ese era el deseo de la niña.
La resolución, sin embargo, no cerró el conflicto. Ya de regreso en Buenos Aires, el padre reinscribió a la menor en su escuela y actividades para recuperar la rutina. Pero en marzo de 2025 la madre se presentó en el colegio, retiró a la niña y se la llevó otra vez a Mendoza. Según la presentación, bloqueó además el teléfono de la menor para impedirle comunicarse con familiares y amigos.
Lo que siguió escaló a un terreno todavía más grave: el texto sostiene que, tras ese revés judicial, Barrio denunció al padre por abuso sexual y sumó acusaciones como consumo y venta de cocaína. La consecuencia fue inmediata: fiscales solicitaron la detención y González Stegmann quedó preso, con más de dos meses de encierro, sin excarcelación ni prisión domiciliaria pese a tener hijos a cargo —incluido uno con necesidades especiales—. La defensa sostiene que no existe un solo elemento objetivo que respalde los cargos y que la denuncia se apoya en el testimonio de la madre y en un informe de un psicólogo allegado a ella, además de testigos que serían amigos y viven en Mendoza, por lo que no podrían haber presenciado hechos en Olivos.
Mientras tanto, la nena sigue siendo el centro invisible de esta batalla: entre fallos, traslados, bloqueos y acusaciones, su vida quedó atrapada en la peor grieta posible: la de los adultos.




