Juan Carlos “Cacho” Elías murió a los 85 años y deja detrás una de las historias empresariales más emblemáticas de la Costa Atlántica. Fue uno de los fundadores de El Topo, la tradicional marca de churros nacida en Villa Gesell en 1968 y convertida con el paso de las décadas en un clásico que atraviesa generaciones.
La noticia fue confirmada por la propia empresa a través de sus redes sociales, donde despidieron a Elías como “el de las ideas locas, el carismático, un trabajador incansable” y anunciaron el cierre por duelo de la histórica “madriguera de la 83” durante el resto del verano. También enviaron condolencias a Betty, su esposa, y a sus hijas y nietos.
La historia de la marca comenzó casi por necesidad. Elías y Hugo Navarro trabajaban como cadetes en motohasta que un accidente de tránsito los obligó a replantear su futuro. Tras desempeñarse como repartidor de churros, Elías impulsó la idea de emprender en ese rubro. Hubo intentos fallidos en Buenos Aires, hasta que decidieron apostar por el crecimiento turístico de Villa Gesell.
La historia de churrería El Topo
En 1968 abrieron su primera churrería entre las calles 109 y 110. El nombre “El Topo” surgió por sugerencia de un letrista, inspirado en el personaje Gigio. Desde el inicio apostaron a diferenciarse: incluso escribieron la palabra “churros” al revés en el cartel como estrategia para llamar la atención en una ciudad que empezaba a explotar cada verano.
El crecimiento fue inmediato. En 1969 inauguraron una sucursal en Necochea, luego dividieron la gestión y comenzaron una expansión sostenida que con el tiempo se transformó en un emprendimiento familiar, hoy administrado por los hijos de los fundadores.
En sus primeros años la oferta se limitaba a churros de dulce de leche y crema pastelera. Tras la crisis de 2001, ampliaron el menú con medialunas, chipá, tortas fritas y bolas de fraile. La innovación que marcó un antes y un después fue el churro relleno de roquefort, que generó sorpresa inicial y terminó convertido en un clásico. Más tarde sumaron variedades como leberwurst, aceituna, jamón y queso y nutella.
En 2009 desembarcaron en la Ciudad de Buenos Aires, con su primera madriguera en el barrio de Palermo. Luego expandieron su presencia en la capital y consolidaron locales en la Costa Atlántica, como Mar Azul, Pinamar, Valeria del Mar y Cariló.
Uno de los hitos más inesperados llegó en 2020, cuando un comentario crítico del humorista Lucas Lauriente sobre los churros de roquefort derivó en una respuesta irónica de la cuenta oficial de la marca que se volvió viral. En pocos días, la empresa multiplicó su comunidad digital, alcanzando casi 20.000 seguidores en TikTok y 127.000 en X (ex Twitter).
En los últimos años, El Topo consolidó una estrategia digital basada en el humor, la interacción constante y un lenguaje cercano con su comunidad, a la que bautizó “sapiens”. Esa combinación de tradición, innovación y presencia en redes terminó de transformar a la firma en mucho más que una churrería estival.
Con la muerte de “Cacho” Elías se va uno de los protagonistas de una historia empresarial nacida en la arena y convertida en marca registrada del verano argentino.