El tablero político de La Plata empezó a moverse mucho antes de lo esperado. La posible candidatura de Julio Alak a la Gobernación bonaerense abrió un escenario completamente nuevo: un peronismo fragmentado, libertarios que quieren consolidarse como alternativa real y un nombre que, pese al silencio, sigue ordenando parte de la discusión política local: Julio Garro.
La ciudad atraviesa una etapa de transición política donde casi todos juegan a dos bandas. En el oficialismo ya piensan en cómo sostener el poder si Alak finalmente salta a la Provincia, mientras que en la oposición todavía nadie logró ocupar el vacío político y electoral que dejó Garro tras la derrota de 2023.
En ese contexto, dentro de La Libertad Avanza aparecen dos dirigentes con pasado en el PRO y terminales nacionales distintas: Juan Pablo Allan y Juanes Osaba.
Allan corre con ventaja en instalación pública. La PASO que disputó contra Garro le permitió construir un nivel de conocimiento importante en la ciudad y quedar muy asociado a la figura de Patricia Bullrich. El dos veces senador provincial, actual concejal platense y director del RENAR, mantiene además una estructura territorial consolidada, especialmente en la zona norte platense.
Juanes Osaba, en tanto, responde al esquema karinista y viene construyendo silenciosamente dentro del universo libertario. Antes de desembarcar en la Legislatura tuvo distintos cargos en la gestión municipal de Garro, donde incluso encabezó el EMATUR con el padrinazgo político de Mariano Penas. Su perfil mezcla gestión, juventud y vínculo directo con el armado nacional de Karina Milei.
Pero donde más incógnitas existen es dentro del peronismo. Muchos se preguntan qué hará Alak si efectivamente decide ir por la Provincia: si impulsará un candidato propio, si buscará un acuerdo amplio o si terminará cerrando con La Cámpora.
Ahí aparece con fuerza el nombre de Ariel Archanco. Presidente saliente del PJ La Plata, ex titular de ANSES en la ciudad, ex concejal y dos veces diputado provincial, Archanco viene creciendo dentro del esquema camporista con un perfil de bajo ruido pero fuerte construcción territorial. Dentro del peronismo lo consideran una figura de consenso y uno de los dirigentes que mejor logró mantener diálogo entre los distintos sectores internos.
Además, Archanco cuenta con un dato político importante: conserva buena llegada a los barrios y estructura militante propia. En La Cámpora destacan especialmente su capacidad para construir sin confrontaciones públicas permanentes, algo poco habitual dentro de la política platense. Incluso, dentro del PJ local algunos ya lo imaginan como una síntesis posible entre el alakismo y el kirchnerismo duro si el intendente finalmente deja vacante la sucesión municipal.
Otro nombre que aparece en la discusión interna del peronismo es el de Florencia Saintout. La dirigente de La Cámpora supo ser durante años una de las principales referencias opositoras al garrismo en La Plata y todavía conserva un nivel de instalación importante dentro del universo kirchnerista local.
Ex decana de la Facultad de Periodismo de la UNLP, concejal, diputada provincial y actual titular del Instituto Cultural bonaerense dentro del gobierno de Axel Kicillof, Saintout sigue siendo mencionada en distintos armados como una posible candidata para el 2027. Incluso dentro de La Cámpora muchos recuerdan que antes del crecimiento de Ariel Archanco, era ella quien ocupaba el rol de principal figura electoral del espacio en la ciudad.
En el peronismo platense destacan además que Saintout mantiene una estructura política propia, fuerte vínculo con el sector universitario y llegada directa a Máximo Kirchner. Su nombre siempre aparece cuando se habla de posibles armados de unidad o de una eventual interna dentro del PJ local.
Al mismo tiempo, Alak deberá negociar con el armado de “Peronismo Debate” que viene construyendo al “Peronismo Federal”, donde ya hubo acercamientos y fotos con dirigentes como Emilio Monzó, Miguel Pichetto y Guillermo Michel. En La Plata, la principal referencia de ese espacio es Victoria Tolosa Paz, quien viene construyendo un perfil propio y cada vez más autónomo dentro del peronismo bonaerense.
En medio de esa compleja ingeniería política, Alak sorprendió con dos movimientos inesperados hacia sectores del PRO. Primero apareció Juan Manuel Martínez Garmendia, uno de los hombres que mejor conoció el funcionamiento político del garrismo. Fue presidente del bloque PRO, armador territorial y uno de los estrategas detrás de la reelección de Garro en 2019.
Martínez Garmendia siempre tuvo un perfil político intenso y confrontativo dentro del Concejo Deliberante. En el PRO muchos lo veían como uno de los dirigentes con mayor proyección propia tras la salida de Garro del municipio. Incluso llegó a lanzar movimientos políticos propios y mantener una relación directa con Cristian Ritondo.
Por eso su acercamiento al “operativo Alak Gobernador” generó ruido en toda la política local. No se trata solamente de un dirigente más: Martínez Garmendia conoce como pocos el funcionamiento electoral de La Plata, las tensiones internas del PRO y el comportamiento territorial del voto platense. Que hoy aparezca cerca de Alak fue leído por muchos como un movimiento estratégico de enorme peso político.
A eso se sumó el desembarco de Daniel Lipovetzky en el gabinete municipal, una incorporación interpretada como un gesto claro de ampliación política hacia sectores moderados de la oposición.
La jugada además alimentó especulaciones dentro del PRO. Algunos interpretan que el intendente busca construir una “base amplia” pensando en un eventual salto provincial en 2027, mientras que otros ven directamente un operativo de desgaste sobre una oposición que todavía no termina de reorganizarse.
Sin embargo, por encima de todos los movimientos, el nombre que sigue orbitando la política platense es el de Julio Garro.
El ex intendente mantiene un silencio absoluto desde su salida en 2023, pero nadie en la oposición lo da por retirado. De hecho, dentro del PRO, sectores radicales y hasta algunos peronistas aliados reconocen en privado que sigue siendo el dirigente opositor con mayor nivel de instalación en la ciudad.
Garro conserva además varios activos políticos difíciles de reemplazar: conocimiento masivo, estructura territorial, vínculos con sectores empresariales y una fuerte identificación con buena parte del electorado no peronista. Su gestión dejó un núcleo duro que todavía reivindica especialmente las obras públicas, el ordenamiento urbano y el perfil “moderno” que intentó imprimirle a la ciudad.
En ese marco empezó a crecer una frase que ya circula en distintos sectores políticos y vecinales: “todo tiempo con Garro fue mejor”. La idea empezó a aparecer incluso entre dirigentes opositores que ven que, pese al desgaste natural de ocho años de gestión, ningún otro dirigente logró todavía ocupar plenamente ese espacio político.
Por ahora Garro calla. Pero en la política platense muchos creen que ese silencio no necesariamente significa retiro. Y mientras el oficialismo reorganiza piezas pensando en 2027, hay quienes aseguran que el verdadero partido todavía no empezó porque falta saber si el ex intendente finalmente decidirá volver a jugar.