La noticia que ningún ricotero quería escuchar terminó transformando a 7 y 50 en un punto de encuentro para el dolor, la memoria y el agradecimiento. Apenas horas después de confirmarse la muerte del Indio Solari, cientos de fanáticos comenzaron a acercarse al corazón de La Plata para despedir a quien marcó sus vidas con canciones, recitales y una forma única de entender el mundo.
La escena era tan diversa como el propio universo ricotero. Había jóvenes con gorritas, rolingas de toda la vida, fanáticos vestidos de negro, camperas de cuero, tachas, banderas y remeras de Los Redondos. Todos unidos por una misma tristeza.
“En 7 y 50 hay pibes de gorrita, rolingas y gente con tachas y cuero. Porque el amor trasciende todo y este pueblo glorioso te va a amar por siempre”, resumió una joven mientras observaba la multitud.
Las escalinatas del Pasaje Dardo Rocha se convirtieron en el escenario improvisado del homenaje. Allí colgaron una enorme bandera con el rostro del Indio y la frase “Disfrutá mi enfermedad”, mientras los presentes compartían recuerdos, abrazos y canciones.

Con el correr de los minutos la concentración fue creciendo. Muchos llegaban solos, pero rápidamente encontraban compañía entre desconocidos atravesados por el mismo sentimiento. Algunos lloraban en silencio, otros cantaban clásicos ricoteros y varios levantaban sus celulares para registrar una noche que quedará en la memoria colectiva de la ciudad.
Entre los testimonios que más conmovieron apareció el de un joven que resumió el impacto de la pérdida en una sola frase: “Después de mi vieja, el Indio era la persona más importante de mi vida”.
Fiorella también explicó por qué decidió acercarse al homenaje. “Vine a 7 y 50 porque así como no se puede ser feliz en soledad, también los momentos de tristeza son más pasables colectivamente”, expresó.

La Plata ocupa un lugar especial en la historia del Indio Solari y de Los Redonditos de Ricota. Por eso no sorprendió que la ciudad respondiera de manera inmediata. Lo que comenzó como una convocatoria en redes sociales terminó convirtiéndose en una despedida espontánea donde convivieron distintas generaciones unidas por las mismas canciones.

Entre aplausos, abrazos y estrofas que brotaban desde distintos rincones de la esquina más emblemática del centro platense, el pueblo ricotero volvió a demostrar que su vínculo con el Indio excede la música. Y que, incluso en la despedida más dolorosa, nadie quiso quedarse solo.








