A las 4.50 de la madrugada, cuando todavía reinaba el silencio en el barrio San Carlos, una jubilada de 69 años abrió los ojos y se encontró frente a una escena aterradora. Tres hombres de negro, con sus rostros cubiertos y guantes en las manos, estaban dentro de su habitación observándola.
La damnificada dormía sola en su vivienda de 45 entre 150 y 151 cuando fue sorprendida por los delincuentes. No hubo estruendos ni puertas violentadas que la alertaran. Los ladrones ya estaban adentro.
“No mires, quedate quieta”
Según fuentes policiales, los delincuentes le exigieron que permaneciera tranquila y comenzaron a preguntarle dónde guardaba dinero. Mientras uno se quedó junto a la cama vigilándola, los otros dos recorrieron cada ambiente de la casa en busca de objetos de valor.
Fueron minutos de enorme tensión para la víctima, que comprendió rápidamente que cualquier resistencia podía empeorar la situación. Con el objetivo de que abandonaran la vivienda, decidió revelar la existencia de sus ahorros y entregó el dinero que tenía guardado.
Los asaltantes tomaron dólares y euros y continuaron revisando la propiedad. Después cargaron varios objetos y electrodomésticos antes de fugarse.
Entre lo robado figuran un televisor, una cafetera, un calefactor eléctrico, un secador de pelo, una planchita para el cabello, un torno para uñas y otros artículos de uso cotidiano.
Ingreso sin daños
De acuerdo con la declaración de la damnificada, en ningún momento pudo observar sus rostros. Los delincuentes le exigían que se cubriera los ojos y evitara mirarlos. Solo distinguió que vestían ropa oscura y usaban guantes.
Los investigadores intentan determinar cómo lograron ingresar. La víctima relató que habrían accedido por una ventana que da al patio y posteriormente abrieron una puerta desde el interior. Lo llamativo es que no se registraron daños visibles ni cerraduras forzadas, una circunstancia que ahora forma parte de las principales líneas de investigación.
Otro elemento que complica el esclarecimiento es la ausencia de registros fílmicos. La vivienda no cuenta con cámaras de seguridad y tampoco hay dispositivos de vigilancia en las inmediaciones.
El caso vuelve a exponer una de las modalidades más sensibles: los ataques contra adultos mayores mientras descansan en sus hogares. La sensación de vulnerabilidad que dejan este tipo de episodios se extiende mucho más allá de las pérdidas materiales.