El aniversario de la prisión domiciliaria de Cristina Kirchner dejó algo más que actos y muestras de respaldo. También sirvió para marcar el inicio de una nueva etapa en la interna del peronismo, donde la tensión entre el cristinismo y el gobernador bonaerense Axel Kicillof parece haber entrado en una fase mucho más explícita.
Según describen dirigentes cercanos a Máximo Kirchner, el espacio ingresó en un verdadero “modo ruptura”. La estrategia consiste en instalar la idea de que dentro del peronismo ya conviven dos proyectos presidenciales distintos: uno encabezado por Kicillof y otro que responde directamente al liderazgo político de Cristina Kirchner.
La jugada implica un cambio de enfoque. Hasta hace pocos meses, el kirchnerismo parecía concentrado en disputar el control político de la provincia de Buenos Aires y la definición de candidaturas locales. Ahora el objetivo es más ambicioso: discutir el liderazgo nacional del espacio y evitar que Kicillof quede consolidado como el único heredero natural del peronismo opositor.
En ese contexto, Máximo Kirchner comenzará una recorrida federal que buscará replicar el despliegue que viene realizando el mandatario bonaerense. La idea es mostrar presencia territorial y sostener la centralidad política del cristinismo mientras Cristina permanece bajo arresto domiciliario.

Las señales ya comenzaron a aparecer. Máximo volvió a insistir públicamente con la consigna de “Cristina candidata” y llegó a definir a Kicillof como un dirigente “candidato por default”, una frase que fue leída como una descalificación directa hacia el armado político que impulsa el Movimiento Derecho al Futuro.
Sin embargo, dentro del propio kirchnerismo admiten que una eventual candidatura presidencial de Cristina enfrenta enormes obstáculos. Tampoco terminan de convencerse con la posibilidad de que el propio Máximo asuma ese rol, especialmente por los niveles de imagen que muestran las encuestas. Por eso, el espacio mantiene abiertas distintas alternativas mientras busca fortalecer su capacidad de negociación.
Del otro lado observan el movimiento con una mezcla de cautela y desafío. En el entorno de Kicillof creen que el cristinismo difícilmente pueda sostener una candidatura presidencial competitiva sin Cristina en libertad y consideran que parte de la fortaleza política de la ex presidenta se explica precisamente por la situación judicial que atraviesa.
La gran incógnita es hasta dónde llegará la pelea. Una cosa es una disputa interna para definir liderazgos y otra muy distinta es que ambas expresiones terminen compitiendo por separado en una elección general. En ese escenario, la fragmentación del voto peronista podría convertirse en una ventaja para Javier Milei.

Por eso, la discusión sobre las PASO vuelve a adquirir una importancia central. Si las primarias continúan vigentes, podrían funcionar como una válvula de escape para ordenar la competencia interna. Si se suspenden, en cambio, el riesgo de una fractura real dentro del peronismo aumentaría considerablemente.
Mientras tanto, en la provincia de Buenos Aires la lectura es clara: el verdadero desafío político de Kicillof ya no parece estar únicamente en enfrentar a Milei, sino también en administrar una interna que amenaza con transformarse en una batalla abierta por la conducción del peronismo de cara a 2027.
FUENTE: Dib









