Clara Muzzio volvió a quedar en el centro de una fuerte polémica política después de cuestionar la Educación Sexual Integral y plantear una mirada abiertamente alineada con la agenda de la derecha cultural. La vicejefa de Gobierno porteño habló de “ideología siniestra”, aseguró que la ESI “les destruyó la cabeza” a los chicos y sostuvo que existen “dos sexos: masculino y femenino”.
Las declaraciones generaron rechazo porque no fueron pronunciadas por una dirigente marginal, sino por una funcionaria que ocupa un lugar institucional clave en la Ciudad de Buenos Aires. El debate no pasa únicamente por sus creencias personales, sino por el peso que tienen cuando se expresan desde una responsabilidad de gobierno.
En Argentina, la ESI está reconocida por ley y forma parte de los derechos educativos de niños, niñas y adolescentes. Además, la Ley de Identidad de Género reconoce el derecho de las personas a ser tratadas de acuerdo con su identidad autopercibida. Por eso, las frases de Muzzio fueron leídas por distintos sectores como un retroceso discursivo frente a derechos ya vigentes.
La controversia tampoco aparece aislada. En enero de 2025, la funcionaria ya había quedado envuelta en una discusión similar cuando compartió una frase de Donald Trump sobre la existencia de “solo dos géneros”, lo que le valió críticas incluso dentro de sectores cercanos al PRO.
En mayo de este año, además, Muzzio se reunió con Eugenia Roccella, ministra de Familia y Natalidad del gobierno de Giorgia Meloni, para abordar la caída de los nacimientos y la agenda demográfica. En ese marco, la vicejefa porteña coincidió con una lectura que vincula la baja natalidad con factores culturales como la llamada “ideología de género”.
En ese contexto apareció la reacción de Luis Novaresio, quien en una nota con Infobae apuntó con dureza contra la funcionaria. El periodista cuestionó sus dichos, la acusó de sostener una postura “burra”, “ignorante” y “acientífica”, pero eligió rematar con un planteo más concreto: que se ocupe de los problemas de gestión cotidiana de la Ciudad.
Novaresio mencionó, entre otros puntos, los problemas en playas de estacionamiento que no aceptan billeteras virtuales ni tarjetas, la falta de recibos, el alumbrado, el barrido, la limpieza y la seguridad. “Dedíquese a eso, señora, que para eso le pagan”, lanzó.
El contraste quedó instalado: mientras Muzzio decide subirse al púlpito de la batalla cultural, la Ciudad arrastra problemas concretos que dependen de la administración pública. Para sus críticos, una vicejefa de Gobierno debería garantizar controles, servicios, orden urbano y cumplimiento de normas antes que convertir a la ESI y a las diversidades en blanco de discursos políticos.