La Plata ya perdió más de la mitad de sus calesitas: la propuesta para que no desaparezcan

La ciudad llegó a tener más de veinte calesitas y hoy apenas conserva ocho en funcionamiento. Cada cierre deja un espacio vacío en una plaza y borra un pedazo de la memoria de generaciones de platenses. ¿Es momento de que la Municipalidad las preserve como patrimonio público?
La Plata  ·  29/07/2026 · 08:20hs
La Plata ya perdió más de la mitad de sus calesitas: la propuesta para que no desaparezcan

Hay un momento que se repite en casi todas las familias platenses. Un chico se sube por primera vez a un caballito, un padre lo saluda desde abajo y un abuelo sonríe porque, muchos años antes, él también dio vueltas en esa misma calesita.

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Esa escena, que parece eterna, cada vez ocurre en menos plazas.

La despedida definitiva de la histórica calesita de Plaza Paso volvió a encender una alarma que ya se había visto con el cierre de la del Parque San Martín. La Plata, que supo tener más de veinte calesitas distribuidas entre plazas y parques, hoy conserva apenas ocho en funcionamiento. La de Parque Saavedra, además, permanece cerrada temporalmente por las obras de remodelación del espacio verde.

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Cada una que deja de girar no solo representa el final de un emprendimiento familiar. También significa la pérdida de uno de esos lugares donde distintas generaciones compartieron los mismos recuerdos.

Un negocio que dejó de ser viable

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Detrás de la mayoría de las calesitas hay familias que dedicaron décadas a mantener viva una tradición.

Pero los costos crecieron. La electricidad, los seguros, las reparaciones, las habilitaciones y el mantenimiento aumentaron mientras el precio de una vuelta tiene un límite evidente. A eso se suman los cambios en los hábitos de entretenimiento y una actividad que depende del clima y del movimiento de cada plaza.

La historia se repite. Cuando el concesionario ya no puede sostener la actividad, la calesita baja la persiana y, muchas veces, termina siendo desarmada o vendida.

Una discusión que vale la pena dar

Las calesitas funcionan en espacios públicos municipales mediante permisos o concesiones. Es decir, el suelo donde están instaladas pertenece a todos los vecinos; lo que cambia es quién tiene la autorización para explotarlas.

Hasta ahora, la continuidad de estos juegos dependió casi exclusivamente del esfuerzo privado.

Pero si la ciudad protege edificios históricos, monumentos, plazas y espacios culturales, ¿por qué no podría proteger también uno de los juegos más emblemáticos de su historia?

La propia Municipalidad ya reconoció el valor de las calesitas cuando impulsó el programa “Volvé a tu Calesita”, destinado a restaurarlas y ponerlas en valor tras la pandemia. Sin embargo, la sucesión de cierres demuestra que el problema va más allá de una mejora puntual.

¿Y si fueran municipales?

La propuesta no implica quitarles las calesitas a quienes todavía las mantienen abiertas, sino actuar cuando una concesión llega a su fin o el responsable ya no puede continuar.

En esos casos, el Municipio podría recuperar la estructura, restaurarla y mantenerla funcionando hasta una nueva concesión. Incluso podría administrarla directamente o desarrollar un esquema junto a cooperativas, asociaciones civiles o las propias familias calesiteras.

La finalidad no sería competir con los privados.

Sería impedir que una plaza pierda para siempre una parte de su identidad por razones exclusivamente económicas.

Las que todavía resisten

Hoy siguen funcionando las calesitas de Parque Alberti, Parque Castelli, Plaza Belgrano, Plaza Belgrano de City Bell, Plaza Iraola de Tolosa, Plaza Olazábal, Plaza Sarmiento y Plaza Yrigoyen.

En los últimos años dejaron de girar las de Parque San Martín y Plaza Paso, mientras que la de Parque Saavedra permanece fuera de servicio por la remodelación integral del predio.

El mapa de las calesitas platenses se achica. Y con él también se reduce una tradición que durante décadas formó parte de la vida cotidiana de la ciudad.

Mucho más que un juego

Las calesitas atraen familias, generan movimiento en las plazas y ayudan a los comercios de los alrededores. Pero su verdadero valor no puede medirse en una planilla de costos.

Hay pocos lugares donde un abuelo puede decirle a su nieto: “Yo también me subía acá cuando tenía tu edad”.

Esa continuidad entre generaciones también es patrimonio.

La Plata invierte millones para recuperar plazas, fuentes, monumentos y edificios históricos. Y está bien que así sea. Pero una plaza no se construye solamente con veredas nuevas, luces LED o juegos modernos.

También se construye con recuerdos.

Porque cuando cierra un comercio, tarde o temprano puede abrir otro.

Cuando deja de girar una calesita, en cambio, se apaga un pedazo de la infancia de la ciudad.

Y quizás haya llegado el momento de que La Plata empiece a cuidarlas no solo como un emprendimiento privado, sino como lo que verdaderamente son: una parte viva, popular y entrañable del patrimonio de todos los platenses.

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