Luego de una semana marcada por la escalada de tensión entre el presidente Javier Milei y su par de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, la relación bilateral comenzó a mostrar señales de distensión. En ese marco, el gobierno brasileño decidió avanzar con el regreso de su embajador en Buenos Aires, Julio Bitelli, en un gesto que apunta a recomponer el vínculo entre ambos países.
Fuentes del Palacio de Itamaraty confirmaron a la Agencia Noticias Argentinas que solo resta la autorización formal de Lula para que el diplomático retome sus funciones. Si bien todavía no hay una fecha definida, aseguran que el regreso se concretará en los próximos días.
Desde la cancillería brasileña señalaron que la decisión responde a una combinación de factores, entre ellos “gestos recíprocos”, la importancia estratégica de la relación entre Argentina y Brasil y la voluntad compartida de preservar el vínculo institucional.
No obstante, en Brasil remarcan que el conflicto no quedó completamente atrás. “No hay que perder de vista la seriedad de lo que pasó”, indicaron, en referencia a las declaraciones de Milei, quien calificó a Lula como “basura socialista”, “ladrón” y “presidiario” durante su reciente visita a Brasil.
En la Casa Rosada también consideran que el momento de mayor tensión quedó atrás. Sin embargo, descartan que el Presidente vaya a pedir disculpas por sus dichos. Durante ese viaje, Milei respaldó públicamente a Flavio Bolsonaro, uno de los principales referentes de la oposición al mandatario brasileño, y también lanzó críticas contra el juez del Supremo Tribunal Federal, Alexandre de Moraes, a quien llamó “basura calva” por impedirle visitar al expresidente Jair Bolsonaro.
En los últimos días, el vicecanciller Pablo Quirno buscó bajar el tono del conflicto y aseguró que el Gobierno argentino no contempla una ruptura de las relaciones diplomáticas. “No hay ninguna chance de que de nuestro lado se rompan las relaciones. Nosotros no lo llevamos al plano institucional”, afirmó en declaraciones a Radio Mitre.
Según trascendió, esas declaraciones fueron bien recibidas en Brasilia y facilitaron el inicio de una etapa de recomposición. Tanto desde el gobierno brasileño como desde Balcarce 50 coinciden en que los gestos diplomáticos fueron determinantes para encauzar nuevamente la relación y dejar atrás una de las crisis políticas más fuertes entre ambos países desde la llegada de Milei a la Presidencia.