Diego Santilli empieza a pisar cada vez más fuerte en la provincia de Buenos Aires y La Plata aparece como una pieza central en el proyecto político que podría llevarlo a competir por la Gobernación. El Colo tiene un elemento que alimenta las expectativas de su espacio: un historial electoral que demuestra que ya logró construir volumen propio en territorio bonaerense y, particularmente, en la capital provincial.
Los números de los últimos años explican parte de esa confianza. En 2021 encabezó la lista de Juntos que terminó imponiéndose en la elección bonaerense para diputados nacionales sobre el Frente de Todos de Victoria Tolosa Paz. El escrutinio definitivo marcó 3.550.321 votos contra 3.444.446, una diferencia de 105.875 sufragios. Dos años después buscó directamente la Gobernación y perdió una interna extremadamente pareja frente a Néstor Grindetti: Santilli consiguió 1.354.080 votos y quedó apenas 13.612 por debajo de su adversario.

Pero aquella derrota provincial de 2023 escondió un dato especialmente interesante para el armado que comienza a proyectarse ahora: Santilli ganó con claridad en La Plata. En las PASO obtuvo 82.132 votos para gobernador en la capital bonaerense, contra 60.918 de Grindetti. Es decir, mientras la interna se le escapaba por muy poco en el conjunto de la Provincia, en la Octava Sección sacaba una diferencia superior a los 21 mil votos.
La historia volvió a cruzarlo con La Plata en 2025. Tras quedar al frente de la boleta nacional de La Libertad Avanza, Santilli protagonizó una remontada que terminó con triunfo bonaerense: consiguió 3.649.988 votos contra 3.620.634 de Fuerza Patria. La diferencia fue de apenas 29.354 sufragios en toda la Provincia. Y otra vez la capital bonaerense acompañó: la lista libertaria encabezada por el Colo superó el 44% en La Plata y derrotó a la nómina encabezada por Jorge Taiana.

Ese último antecedente ayuda a explicar por qué ganar la Octava Sección no es un detalle menor. La elección bonaerense de 2025 dejó otra señal: en septiembre, cuando se votaron cargos provinciales y municipales, Fuerza Patria había ganado en La Plata con 44,16% contra 36,59% de LLA. Apenas unas semanas después, en la elección nacional encabezada por Santilli, el espacio libertario consiguió revertir el resultado en la ciudad. La Plata, además, cuenta con un padrón que en aquella elección provincial llegó a 639.839 electores.
Con esos antecedentes, el Colo comienza a pensar a la capital bonaerense como una de sus bases fuertes para una eventual carrera por la Gobernación. Por ahora, dentro del universo PRO-LLA no aparece una competencia interna provincial con la intensidad que empieza a insinuarse en el peronismo. Esa diferencia podría transformarse en una ventaja si el oficialismo nacional consigue ordenar tempranamente su candidatura, aunque una interna peronista también podría terminar ampliando electoralmente a ese espacio si los sectores derrotados luego acompañan al ganador.

El desafío de Santilli en La Plata será otro: conglomerar bajo una misma estrategia a dirigentes que también tienen aspiraciones y construcciones propias. Allí aparece Julieta Quintero Chasman, una dirigente de estrecha confianza política del Colo y que ya trabajó públicamente con él. Incluso en 2025, cuando quedó segunda en la lista platense de diputados provinciales de LLA, desde su entorno señalaban que había contado con el respaldo de Santilli.
Pero hay otro nombre que nunca termina de salir del tablero: Julio Garro. Amigo y compañero de ruta política de Santilli durante años, el exintendente todavía no definió públicamente qué hará frente al próximo proceso electoral. En el PRO conviven quienes consideran improbable una nueva candidatura suya y quienes repiten una frase diferente: Garro nunca se fue. Su nivel de conocimiento en la ciudad y sus ocho años al frente de la Municipalidad siguen siendo activos difíciles de ignorar para cualquier armado opositor.

La relación entre Garro y Quintero Chasman también suma un ingrediente. La actual legisladora fue una de las dirigentes de mayor confianza del exintendente durante su gestión y distintas voces del espacio aseguran que el vínculo político nunca se rompió. Incluso hubo quienes interpretaron que su candidatura de 2025 contó con la bendición de Garro. Si esa relación permanece intacta, Santilli podría encontrar allí un puente importante para ordenar parte del PRO platense.

En paralelo aparece Juan Pablo Allan, proveniente del sector de Patricia Bullrich y con varios años de instalación política en La Plata. En 2023 compitió contra Garro por la candidatura a intendente y en 2025 encabezó la lista de concejales de LLA. También está Juanes Osaba, quien lideró la nómina de diputados provinciales libertarios en la Octava Sección en 2025, aunque todavía enfrenta el desafío de elevar considerablemente su nivel de conocimiento entre los platenses. Ese escenario puede volver a darle valor electoral a Garro y, al mismo tiempo, abrirle una oportunidad a Allan.

La Libertad Avanza tampoco se agota en esos nombres. Otro ex PRO que empieza a moverse es Leandro Ponte, quien este fin de semana se parte de una cena con distintos referentes políticos, organizado por Micaela Fragasso. Por ahora hay hermetismo alrededor del encuentro, pero quienes conocen su construcción aseguran que no se trata de un movimiento menor: Ponte viene ganando posicionamiento dentro del espacio libertario y busca armar fuerte en la discusión que viene.
Así, mientras el peronismo platense todavía procesa su propia discusión sobre nombres, candidaturas y sucesiones, el universo conformado por La Libertad Avanza y el PRO empieza a ordenar piezas por debajo de la superficie. Santilli tiene números que le permiten mirar La Plata con optimismo, pero también una tarea compleja: conseguir que todos esos dirigentes entren dentro de un mismo proyecto.
La carrera todavía tiene mucho camino por delante. Sin embargo, el Colo parece haber aprendido algo de sus elecciones anteriores: La Plata puede ser mucho más que una parada de campaña. En una elección provincial que puede volver a resolverse por márgenes estrechos, convertir a la Octava Sección en una fortaleza podría terminar siendo una de las claves para llegar a la Gobernación.








