¿Puede una votación de Instagram conseguir que miles de jóvenes se interesen por una Catedral? El denominado Mundial de Catedrales terminó dejando en La Plata una consecuencia bastante más profunda que la discusión acerca de si su templo merecía o no derrotar a algunos de los edificios religiosos más famosos del planeta.
La Catedral de la Inmaculada Concepción terminó consagrándose campeona después de eliminar a Notre-Dame de París, el Duomo de Milán y la Catedral de Colonia y superar finalmente a Santa María del Fiore de Florencia. En la definición consiguió el 93% de los votos y más de 54.000 usuarios participaron de la elección.
Se podrá discutir el método. Se podrá decir que no existió un jurado especializado, que la movilización argentina terminó inclinando la balanza o que comparar construcciones levantadas en épocas, estilos y contextos completamente diferentes tiene poco sentido desde el punto de vista académico. Todo eso forma parte de una discusión válida.
Pero quizás el verdadero resultado del Mundial haya ocurrido en otro lado.
Durante varias semanas, miles de personas —muchas de ellas jóvenes que difícilmente participarían de una discusión sobre arquitectura religiosa— conocieron la Catedral de La Plata, buscaron su historia, compararon su diseño con los grandes templos europeos y comenzaron a defender como propio un edificio que es, antes que una atracción turística, uno de los grandes símbolos católicos de la Argentina.
Algo parecido, salvando todas las enormes diferencias históricas y emocionales, ocurrió con el Mundial de fútbol y las Islas Malvinas. La Selección Argentina consiguió que una generación de jóvenes volviera a cantar por ellas, preguntara por su historia y recuperara una causa nacional que para muchos había quedado asociada principalmente a los libros escolares y a las generaciones anteriores.
El Mundial de Catedrales produjo un fenómeno muchísimo más pequeño, pero comparable en su mecanismo cultural: convirtió durante algunos días a un símbolo histórico en parte de la conversación cotidiana de una generación formada en las redes sociales. Instagram hizo lo que muchas campañas institucionales buscan durante años: consiguió que decenas de miles de personas miraran hacia un patrimonio que tenían delante de sus ojos.
Y no se trató de cualquier edificio. La Catedral comenzó a construirse en 1884, fue inaugurada en 1932, alcanza los 112 metros de altura y fue declarada Monumento Histórico Nacional en 1997. Su propia institución la define simultáneamente como lugar de oración, monumento de la fe y espacio cultural abierto a quienes quieran descubrirlo.
La repercusión, además, superó rápidamente las fronteras de La Plata. El triunfo fue noticia en los principales medios locales, pero también llegó a medios nacionales, agencias y publicaciones del interior del país. Incluso AICA, la agencia informativa vinculada a la Iglesia Católica argentina, destacó la consagración del templo platense.
Todo sucede en un año particularmente significativo para el catolicismo argentino. León XIV llegará al país entre el 8 y el 11 de noviembre y será el primer Papa que pise suelo argentino desde la visita de Juan Pablo II en 1987. El Vaticano confirmó que recorrerá Buenos Aires, Córdoba y Luján, mientras el Gobierno nacional y la Iglesia ya trabajan en la organización de una visita que tendrá dimensión histórica.
Por eso, quizá dentro de algunos meses importe bastante menos determinar si la Catedral de La Plata es objetivamente más bella que Notre-Dame, Milán, Colonia o Florencia. Lo comprobable es otra cosa: durante agosto de 2026 miles de argentinos se apropiaron simbólicamente de un templo católico, preguntaron por él, difundieron sus imágenes y quisieron verlo ganar.
Una competencia nacida como entretenimiento en Instagram terminó colocando en el centro de la conversación a un símbolo religioso de más de un siglo. Y en tiempos en los que llegar a los más jóvenes es uno de los grandes desafíos de instituciones tradicionales como la Iglesia, ese resultado posiblemente valga bastante más que cualquier copa virtual.
”Hablale a Jesús, él escucha”.