En la antesala de la Marcha del Orgullo, volvió a instalarse en Buenos Aires una fuerte polémica por las denominadas terapias de conversión, prácticas que buscan modificar la orientación sexual, la identidad o la expresión de género de las personas LGBT. Una investigación periodística reveló cómo funcionan algunos de estos procedimientos y sus consecuencias, mientras avanza una iniciativa para prohibirlos expresamente en la Ciudad de Buenos Aires.
El analista Emmanuel Ferrario y el periodista y escritor Cristian Alarcón denunciaron que estas intervenciones continúan ofreciéndose en determinados ámbitos médicos, psicológicos y religiosos. Ambos cuestionaron que se considere la diversidad sexual como una condición que necesita tratamiento. “No existe nada que curar”, sostuvo Ferrario durante una entrevista en Infobae.
Uno de los datos más preocupantes surge de una encuesta realizada en Argentina durante 2024 entre 839 personas. Según los resultados difundidos por Alarcón, el 26% afirmó haber atravesado algún intento de modificar su orientación sexual, identidad o expresión de género. Entre quienes vivieron esas experiencias, el 44% manifestó haber tenido pensamientos suicidas y el 75% aseguró haber sufrido depresión después de los intentos de conversión.
La investigación de la revista Anfibia, publicada bajo el título Putos antidiseño, permitió documentar el funcionamiento de programas impulsados por determinadas iglesias evangélicas. Para conocer su metodología, un periodista se infiltró en un retiro espiritual realizado en Benavídez, donde participaron 144 personas y se cobraban 200.000 pesos por una estadía de tres días.

Durante esa experiencia, el investigador identificó espacios destinados a personas que buscaban cambiar su orientación sexual. Según Alarcón, algunos de estos grupos utilizan la expresión “antidiseño de Dios” para referirse a quienes no responden al modelo de pareja heterosexual y familia tradicional. Además, describió mecanismos de contención emocional mediante canciones, ceremonias y discursos de pertenencia que pueden influir especialmente sobre personas que atraviesan situaciones de vulnerabilidad.
Frente a este escenario, Ferrario anunció la presentación de un proyecto elaborado junto con Alarcón y distintas organizaciones para prohibir expresamente las terapias de conversión en la Ciudad de Buenos Aires. La propuesta contempla multas, trabajos comunitarios, clausuras y días de arresto para quienes promuevan estas prácticas.
La iniciativa también establece la posibilidad de inhabilitar la matrícula de profesionales de la salud que participen en estos procedimientos. Sus impulsores consideran que las actuales herramientas legales necesitan reforzarse con disposiciones específicas que permitan identificar y sancionar estas intervenciones.
La investigación también reunió testimonios de sobrevivientes que denunciaron graves consecuencias psicológicas. Entre los casos mencionados aparece el de una persona que atravesó durante cinco años un tratamiento en una fundación de Recoleta y posteriormente intentó suicidarse. El debate vuelve así a poner bajo la lupa prácticas que, según sus denunciantes, continúan desarrollándose en espacios privados y religiosos pese a los cuestionamientos de organismos internacionales de derechos humanos.









