Fue soldado en La Plata, casi va a Malvinas, su familia no sabía nada y gracias a su hija cierra las heridas: "Fue muy duro"

Sociedad 08/04/2021 . Hora: 12:20

Oscar Gómez tiene 58 años, fue soldado, pasó mucho tiempo en La Plata, casi va a la Guerra de Malvinas y cuenta su historia.

Es una historia triste pero con un final que invita al optimismo: gracias a su hija, logró viralizar un pedido de ayuda para contactarse con sus ex compañeros, a quienes les había perdido el rastro luego de muchas vivencias durante su etapa en el servicio militar.

LAPLATA1.com se puso en contacto con ambos y dieron detalles de una historia muy dura. Ahora viven en Córdoba.

“Soy el séptimo hijo de once hermanos (ocho mujeres y tres varones). Desde los ocho años realizaba todo tipo de trabajos junto a mi padre, dejando los estudios (primer grado) para así poder ayudar a mi familia. Tiempo después siendo un adolescente en el año 1980 recibí una notificación dónde decía que en 6 meses debía presentarme en el Batallón de la Ciudad de Holmberg, para realizarme una revisación médica junto a más o menos 300 reclutas, no recuerdo bien la cantidad”, comenzó a recordar Oscar.

“Desde allí fuimos trasladados hasta el hospital San Antonio De Padua de Río Cuarto. La revisación dio positiva; es decir que estaba apto. Al terminar la revisación debían dar un paso al frente quienes estuvieran en concubinato, y en ese momento por miedo permanecí en mi lugar”, contó.

“Con dudas y miedos volví a casa; mi mente no dejaba de pensar. Nos habían dicho que debíamos esperar nuevamente otra citación para luego ser incorporados como soldados. Mientras tanto yo seguía trabajando. Lo hacía en el campo junto a mi padre; realizábamos el tambo a mano. Pero estando allí me llega la notificación donde decía que debía presentarme en la estación de Santa Catalina. Al recibirla, mis padres y esposa sufrían mucho. Era una realidad que con tan solo 18 años debía afrontar sin tener idea de lo que me esperaba. Lleno de miedos y dudas, debía dejar atrás a mis diez hermanos, mi mujer y a mis padres”, agregó.

Allí empezó una etapa muy complicada para él. Una etapa conectada con nuestra ciudad: “Viajé en tren hasta La Plata - Batallón N° 3 Parque Pereyra. Al llegar al lugar me encontré solo. A pesar de que éramos muchos no conocía a nadie pero al pasar los días tuve la suerte de encontrarme con unos muchachos conocidos. Pasamos días muy duros, comenzaban las prácticas, aprendí a armar y desarmar armas, a limpiar fusiles, entre otras cosas. Ninguno de nosotros tenía conocimiento de ello”.

Y siguió su duro relato: “Estando en el campo de práctica un grupo de compañeros encuentran una granada, con la cual jugando en su inocencia comenzaron a tirársela uno a otro. En un momento explota y tres de ellos fueron heridos; por suerte no hubo que lamentar víctimas”.

Lo emocional fue un golpe difícil de afrontar para Oscar: “En tiempos de visitas fue muy duro para mí ver que muchos de mis compañeros recibían visitas de sus familiares y yo como tantos otros quedábamos en la espera de la llegada de los nuestros. En mi caso sabía que era difícil porque en ese momento el trabajo y la situación económica no daban para eso”.

A pesar de no tener mucho dinero, un día se arriesgó y volvió a su tierra natal: “Llegué a las 11 de la mañana, nadie sabía de mi llegada, era una sorpresa, caminé 3 kilómetros hasta llegar a casa. Allí estaba mi madre sentada junto a la puerta. Fue una gran sorpresa. Su hijo había vuelto. Y salió corriendo a avisarle a todos que había vuelto, sin saber que al otro día debía volver”.

“Cuando regresé a La Plata tuve dos meses de instrucción. Tiempo después nos hacen preparar el bolso de combate. Sentados en la Plaza de Alma junto a más de mil soldados esperábamos ser llamados por números. Yo solo esperaba que me tocara junto a mi compañero, pero lo destinaron hacia otro lugar, mientras seguía esperando que saliera mi número. Cuando finalmente dijeron mi número (N° 934), fui destinado a Río Grande, angustiado, porque sabía que estaba solo nuevamente”, recordó Oscar.

Y siguió: “Al tiempo recibo el permiso para poder casarme. El 23 de diciembre del año 1981 me casé, volví el 25 de diciembre presentando el acta de casamiento, quedando en manos del suboficial. Pocos días después se habló de que empezaba la guerra de Malvinas. Me retuvieron la baja, y decidieron no enviarme a Malvinas. Fui destinado como chofer; desde allí me trasladaron a las fronteras, cerca de Ushuaia”.

“Estando allí en un pozo (cueva de zorro) teníamos un tarro con gasoil con el cual nos alumbrábamos; por accidente, el tarro se cae entre mis piernas y fue así como sufrí quemaduras de rostro y manos”, recordó Oscar.

Fueron momentos también de mucha tensión y angustia para su familia. Pero, por fin, luego de un largo tiempo, pudo volver a ver a los suyos: “Llegué a mi casa, nadie sabía de mi regreso. Gran sorpresa para ellos porque hacía tiempo nadie sabía de mí. Mi esposa, padres y hermanos corrieron hacía mi para darme un fuerte abrazo. A mi padre, que sufría mucho por mi ausencia, le escondían todas mis pertenencias ya que cada vez que encontraba algo mío, lo encontraban muy mal y llorando). Fue muy duro para ellos esperar el horario de las noticias dónde daban la lista de los caídos de Malvinas, ya que ellos no sabían de que a mí no me había tocado ir a la guerra”.

Hoy Oscar tiene 58 años. Trata de reconstruir su vida después de mucho sufrimiento.

“Descubrí el valor de la amistad, valoré mucho lo que mis padres me enseñaron, aprendí lo que significa el respeto, aprendí a levantarme temprano, a hacer mi cama, a pedir permiso, a ser agradecido y a no tener vergüenza al decir quién soy”, resumió.

Pero ahora puede reconstruir aún más su historia. Gracias a la ayuda de su hija Yamila ha podido contactarse con varios de sus ex compañeros en La Plata. Era algo que Oscar necesitaba. Ya lo incorporaron a varios grupos de Whats App. Cicatrices que se van cerrando.

Quienes hayan compartido el servicio militar con él, pueden comunicarse al 358 420 4468.

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