El 75% de los jóvenes bonaerenses no hace estudios terciarios y 6 de cada 10 vive con sus padres por la informalidad laboral

Un informe del ministerio de Economía bonaerense sobre 3 millones de jóvenes de 18 a 29 años advierte por el “efecto cicatriz” del desempleo temprano. Las mujeres duplican a los varones en tareas de cuidado y en el grupo que no estudia ni trabaja
El 75% de los jóvenes bonaerenses no hace estudios terciarios y 6 de cada 10 vive con sus padres por la informalidad laboral

El 75 por ciento de los tres millones de jóvenes bonaerenses entre los 18 y los 29 años no realiza estudios terciarios y experimenta una inserción al mercado laboral marcada por los altos niveles de informalidad, mientras que retrasa la emancipación de sus padres, con los que conviven hasta 6 de cada 10 de ellos.

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Los datos surgen de una investigación que realizó la Unidad de Género del Ministerio de Economía provincial, con el objetivo de “identificar las desigualdades de género y las barreras sociodemográficas que condicionan la autonomía económica” de esta capa de la población.

El trabajo, titulado “Jóvenes bonaerenses en Foco”, da cuenta de la persistencia de la brecha de género: el porcentaje de mujeres que no estudia ni trabaja casi duplica al de los varones (27,1% contra 17,6%), mientras que ellas duplican a ellos en cuanto a tiempo diario dedicado a tareas de cuidado no remuneradas: 5:46 horas contra 2:26.

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Trabajo vs. estudio

Uno de los datos más significativos tiene que ver con el modo en que la dificultad de la inserción laboral conspira contra la prolongación de los estudios: solo el 15% logra compatibilizar ambos objetivos, mientras que para el resto las condiciones en que desarrollan el primer trabajo termina por obturar la continuidad de los estudios.

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El nivel educativo sigue siendo un reflejo de la situación económica, según el informe. Tres de cada diez jóvenes no finalizaron el secundario, pero en el quintil de ingresos más bajos, esa cifra sube a cuatro de cada diez. Esta población, que carece de la llamada “moratoria social” de las clases medias y altas, se ve presionada a ingresar prematuramente al mercado laboral en puestos de baja calidad.

“Efecto cicatriz”

La Unidad de Género describe la existencia de un "efecto cicatriz”. Se trata de “la evidencia de que las experiencias tempranas de desempleo e informalidad actúan como un penalizador estigmatizante que reduce las posibilidades de acceder a empleos de calidad y mejores salarios en la vida adulta”, indicaron.

En ese punto, el estudio marca que el comercio es el rubro de inicio laboral de la gran mayoría de los jóvenes, pero en esta categoría social ese sector tiene índices de informalidad del 60%. En cambio, sectores más formalizados -y por ende con mejores salarios- como educación, salud y la administración pública tienden a contratarlos menos.

Sin emancipación

Un dato que da cuenta de cierto clima de época tiene que ver con el retraso de la autonomización: 6 de cada 10 jóvenes aún viven en su hogar de origen como hijos del jefe de hogar. Esta tendencia se agudiza en la franja de 25 a 29 años, donde el 46,9 por ciento permanece con sus padres, una cifra que asciende al 50 por ciento en el caso de los varones.

La postergación de la autonomía no es solo una elección cultural, sino que está ligada a trayectorias laborales inestables y niveles de informalidad que duplican a los de la población adulta. También a las dificultades para acceder al mercado inmobiliario, donde el precio de los alquileres trepó por encima del 400% desde enero de 2024.

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