El intendente de La Plata, Julio Alak, continúa fortaleciendo su agenda política con distintos jefes comunales de la provincia de Buenos Aires. En ese esquema, visita distritos del interior y del conurbano, al tiempo que recibe a intendentes en el Palacio Municipal cuando llegan a la capital bonaerense, consolidando un entramado de vínculos con proyección provincial.
En línea con el gobernador Axel Kicillof, Alak busca romper un viejo mito de la política bonaerense: la dificultad de que un intendente de La Plata alcance la Gobernación. La excepción histórica suele mencionarse en torno a Eduardo Duhalde, quien fue gobernador de la Provincia y llegó a la Presidencia en 2002 en un contexto excepcional, tras la crisis institucional que siguió a la renuncia de Fernando de la Rúa, y no por el voto popular directo en ese tramo.
Una de las principales fortalezas de Alak es su trayectoria. No se trata de su primera gestión al frente del municipio: puede exhibir no solo su administración actual, sino también los 16 años previos hasta 2007. A eso se suma su paso por Aerolíneas Argentinas y su desempeño como ministro de Justicia de la Nación durante la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner, además de haber ocupado ese mismo rol en la provincia durante el primer mandato de Kicillof.
Su regreso en 2023 se construyó con una estrategia de cercanía territorial, basada en recorridas y encuentros vecinales —las tradicionales “mateadas”— en cada localidad, junto a la instalación de un horizonte de gestión a través del Plan 2030.
En términos de gestión, los indicadores de transparencia aparecen como un punto a favor. La ciudad fue reconocida por la consultora Fix como la más transparente del país y, a su vez, por ASAP, ubicándose entre 49 de los 135 municipios bonaerenses con mejores niveles de transparencia fiscal. Estos datos refuerzan un perfil de administración ordenada en un contexto donde la rendición de cuentas gana peso en la discusión pública.
En materia de seguridad, el intendente puso el eje desde el primer día. Reconfiguró la estrategia de la Guardia Urbana y avanzó con la consolidación de un complejo en 20 y 50, con un centro de monitoreo de gran escala y oficinas equipadas para abordar la problemática.
La crítica que desde este diario podemos hacerle es no haber continuado con la mayoría de las casillas de seguridad en plazas implementadas por la gestión anterior, una demanda que aún hoy sostienen muchos vecinos. Esos dispositivos mostraban buenos resultados tanto por la cercanía territorial como por el efecto de disuasión que generaban.
En zonas como City Bell, Los Hornos y Villa Elvira persisten la preocupación y el hartazgo por la inseguridad, siendo dos de los sectores más castigados del distrito. Al mismo tiempo, también se destaca la presencia activa del secretario del área, Diego Pepe, con intervención directa en el territorio y algunos resultados positivos. Un caso relevante —ya mencionado en otras oportunidades— es el de Parque Castelli, donde vecinos manifestaron conformidad por los resultados, tras reuniones y medidas concretas impulsadas desde el municipio.
El punto estructural sigue siendo que la seguridad no depende exclusivamente de la Ciudad, sino de la Provincia, lo que obliga a una articulación permanente entre ambos niveles de gobierno.
De cara al futuro, si Alak logra mostrar avances significativos en esta materia durante el próximo año y medio, lo podría consolidar como uno de sus principales activos políticos de cara a una eventual candidatura a gobernador. La seguridad, históricamente, es uno de los reclamos más persistentes en la provincia, gobierne quien gobierne. Experiencias como la de Sergio Massa en su paso por la intendencia de Tigre, con fuerte inversión en monitoreo -toda una novedad para esa época-, demostraron el potencial de ese eje para proyectarse a nivel provincial y nacional.
Alak cuenta además con el respaldo político de Kicillof, quien incluso le cedió el uso del Teatro del Lago, un espacio que, bien capitalizado con lo que allí ocurra, podría trascender más allá de La Plata. A eso se suma su vasta experiencia con el Poder Judicial, un actor clave en cualquier política de seguridad.
Un gesto político que no pasó desapercibido esta semana, es haber estado al lado del Gobernador durante el acto de su asunción en el PJ bonaerense.
La ecuación es clara: si logra traducir la voluntad política en resultados concretos —en un área que no depende exclusivamente de su gestión— y el contexto acompaña, La Plata podría convertirse en una vidriera de gestión. Si lo consigue, Alak no solo desafiará un mito histórico, sino que podría posicionarse como un competidor real en la carrera por la Gobernación bonaerense.
“¿La Plata, capital de la seguridad?”
Julio Alak, Gobernador 2027.