“Tractorcito” Cabrera, el ladrón que no acepta una acusación: “Nunca abusé de nadie”

El histórico asaltante de bancos y blindados está detenido en Melchor Romero. Admitió el robo, pero rechaza con dureza la denuncia por abuso sexual. La historia, en base a una entrevista con Virginia Messi en Clarín
“Tractorcito” Cabrera, el ladrón que no acepta una acusación: “Nunca abusé de nadie”

Daniel “Tractorcito” Cabrera habla desde un lugar que conoce bien: el encierro. Tiene 64 años, ocho tatuajes y ocho hijos. Y una biografía atravesada por el delito desde muy temprano. Según él mismo cuenta, su primer robo fue a los ocho años: un pedazo de pizza. Después vino todo lo demás.

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Con el paso del tiempo se convirtió en un nombre fuerte dentro del mundo del hampa: asaltos a bancos, golpes a blindados y una reputación construida tanto por los robos como por sus fugas. Porque si algo consolidó su leyenda fue su capacidad para escaparse: de comisarías, del penal de Devoto —disfrazado de abogado— y hasta de dependencias de la Policía Federal.

Cabrera no se esconde detrás de eufemismos. Se define como “chorro”. Lo dice sin problemas en entrevistas, aunque rara vez en sede judicial. Y también alimenta esa imagen ambigua que rodea a ciertos delincuentes: la del “tipo con códigos”.

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Pero hay un límite que insiste en marcar. Una frase que repite como identidad: “Nunca maté, nunca secuestré, nunca violé”.

Por eso, la acusación que hoy enfrenta es, según él, la más grave de todas.

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El “rey de la fuga” que hizo escuela en el delito

Daniel “Tractorcito” Cabrera es un nombre pesado dentro del hampa argentino. Curtido en asaltos a bancos y blindados, supo moverse durante años en la lógica de los golpes comando, muchas veces vinculado a la banda de Luis “El Gordo” Valor. Pero su marca registrada no fueron sólo los robos: también las fugas. Se escapó de comisarías, del penal de Devoto —disfrazado de abogado— y hasta de dependencias de la Policía Federal. En ese mundo, donde la reputación vale tanto como el botín, Cabrera construyó la suya a fuerza de audacia, reincidencia y una frase que repite como bandera: “chorro sí, pero no cualquier cosa”.

Hoy está alojado en la Unidad 61 de Melchor Romero. Fue detenido el 18 de diciembre pasado, acusado por un robo ocurrido el 2 de octubre en una vivienda de Las Catonas, en Moreno. En ese hecho había dos mujeres y la más joven lo denunció por abuso sexual.

Ahí es donde Cabrera traza una línea tajante.

“La mujer que me acusa de abuso es la que entregó el robo”, asegura, en la entrevista publicada por Clarín.

Su caída se produjo en una casa de Pilar. Según la investigación, en ese lugar había chalecos policiales, insignias de la Policía Federal, gorras de la Bonaerense, pasamontañas y precintos plásticos. Elementos típicos de los golpes comando que marcaron una época.

Cabrera insiste en su versión y, incluso, reconoce algo inusual en su historial: admitió el robo ante la fiscalía. Pero lo hizo, dice, con un objetivo puntual.

“Nunca en mi vida me hice cargo de un delito. Jamás. Pero en este caso me hice responsable del robo para aclarar que el abuso era mentira”, sostiene.

Y vuelve sobre lo que, asegura, más lo golpea: “Me duele que me acusen de abuso sexual. Tengo hijas, tengo nietas, tuve esposas, siempre las respeté”.

El caso sigue su curso judicial. Pero para “Tractorcito”, más allá del expediente, hay algo en juego que —según repite— no está dispuesto a dejar pasar: su propio código dentro de una vida marcada por el delito.

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