Falta gente en la calle y sobra ropa en los depósitos: el sector indumentaria atraviesa su peor momento en años

El sector indumentaria profundiza su crisis: ventas en baja por falta de demanda, depósitos llenos de stock sin vender y tensión en la cadena de pagos. El rubro acumula dos años de retroceso y recorta empleo sin ver salida

Las ventas de indumentaria profundizan un ciclo de deterioro que ya lleva dos años completos. El último relevamiento de la Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria expuso que el bimestre marzo-abril cerró con baja interanual, confirmando un panorama crítico para el sector. De los últimos 14 bimestres relevados, 13 arrojaron resultados negativos y la cadena acumula seis períodos consecutivos de retroceso.

El informe reveló que la mayoría de las empresas sufrió una caída en sus ventas. Aunque se observa una leve mejora respecto del bimestre anterior, la situación continúa siendo adversa. De acuerdo al estudio, la mayoría de los empresarios identifica la falta de demanda como su principal problema, muy por encima de factores como el incremento de costos o la ausencia de financiamiento.

Stock acumulado y tensión en la cadena de pagos

En un contexto de inflación de costos, la falta de ventas impide actualizar precios. Nueve de cada diez compañías no logra trasladar los aumentos salariales a sus productos. La mitad directamente no pudo trasladar nada.

El resultado es un fuerte aumento de la ropa sin vender. El nivel de empresas que declaran stock excesivo se duplicó en apenas un año. Con depósitos llenos y ventas en baja, la cadena de pagos comenzó a mostrar señales de tensión. Los atrasos frecuentes en los cobros crecieron y alcanzan casi a tres de cada diez empresas.

Impacto en el empleo y expectativas

La crisis también golpea al empleo. La mayoría de las firmas reduce su dotación de personal, principalmente a través de renuncias que no son reemplazadas y despidos directos.

Ante este contexto, el sector no encuentra señales de salida rápida. La mayoría de los encuestados califica sus expectativas como regulares o malas. Apenas una minoría conserva expectativas positivas, un número que refleja la magnitud del deterioro. Ante este presente económico, la indumentaria queda atrapada en un ciclo de retroceso, con depósitos llenos, ventas mínimas y sin horizonte de recuperación.