La historia de Lumilagro sumó un nuevo capítulo complicado. Los directivos de la fábrica platense volvieron a encender las alarmas por la falta de ventas y apuntaron directo a la competencia desleal de productos importados “de contrabando” o sin control de calidad.
Carlos Bender, responsable comercial de la compañía que en marzo se desprendió de 170 empleados entre retiros voluntarios y despidos, lanzó el diagnóstico más duro: “Aunque se cerraran ahora todas las importaciones y tuviéramos una eficiencia del ciento por ciento, hay una cantidad de contrabando que van a pasar años y años hasta que esos productos ‘se desagoten’ porque la caída del consumo acompaña el ingreso del contrabando”.
Bender aseguró en Radio Con Vos que la objeción se repite en todos los sectores: “Hay un montón de empresas y de cámaras y todas les hacemos la misma objeción” a las autoridades nacionales.
El reclamo pone en foco la fiscalización interna. Para el directivo, las reuniones en ministerios para mejorar controles en fronteras “de nada van a servir si no se hacen controles en los comercios”.
CARLOS BENDER EN LUMILAGRO
Del ejemplo de Caputo a la crisis
Las palabras de Bender contrastan fuerte con el discurso oficial de hace apenas meses. El propio ministro de Economía, Luis Caputo, eligió a Lumilagro como caso testigo en abril, durante un discurso ante la Cámara de Comercio de los Estados Unidos en Argentina, AmCham.
Caputo destacó que ante la irrupción de los termos Stanley en el mercado, Lumilagro “invirtió, mejoró su producto, ganó competitividad y hoy registra récords de ventas y exportaciones”. Y cerró defendiendo la apertura: “La gente se beneficia de comprar un termo mejor a precio más bajo. Eso es lo que genera la competencia”.
Hoy, el panorama que describe la empresa es inverso: desplome de ventas y mercado saturado de productos que entran sin control.
El dato
En marzo Lumilagro anunció el recorte de 170 puestos de trabajo. El caso se convirtió en símbolo del impacto de la apertura importadora en la industria nacional y ahora vuelve a escena con una denuncia más grave: el daño del contrabando ya instalado es irreversible en el corto plazo.









