Una investigación del CONICET encendió una nueva alarma sobre las consecuencias de los incendios forestales en la Patagonia. El trabajo analizó cómo el fuego modificó la calidad del agua en distintos arroyos luego del devastador incendio que afectó más de 13 mil hectáreas de bosque nativo en las localidades chubutenses de Las Golondrinas y El Hoyo.
Para llevar adelante el estudio, los especialistas compararon cuatro arroyos alcanzados por las llamas con otros cuatro cursos de agua cercanos que no sufrieron el impacto directo del incendio y que presentaban condiciones ambientales similares. El objetivo fue medir las alteraciones provocadas por el fuego durante los meses posteriores al desastre.
Los investigadores identificaron una etapa crítica conocida como “ventana de perturbación”, que comienza con las primeras lluvias después del incendio. En ese período se registró un fuerte incremento de la conductividad eléctrica, una mayor cantidad de sedimentos en suspensión y un aumento significativo de la turbidez del agua.
Uno de los datos más preocupantes fue el crecimiento de las concentraciones de fósforo, que llegaron a ser hasta 17 veces superiores respecto de los arroyos utilizados como referencia. Con el paso del tiempo, esos niveles comenzaron a descender, aunque fueron reemplazados por un incremento sostenido de compuestos nitrogenados, especialmente nitratos, que se mantuvo durante todo el período analizado.

El estudio también detectó un aumento de algunos metales pesados en el primer muestreo. Sin embargo, los especialistas señalaron que este fenómeno apareció tanto en los arroyos afectados como en los no afectados por el incendio. La principal hipótesis es que las partículas liberadas por la combustión fueron transportadas por el viento y se distribuyeron de manera uniforme en gran parte de la región.
Desde el CONICET advirtieron que estas alteraciones pueden generar consecuencias importantes para los ecosistemas acuáticos. El exceso de nutrientes modifica el equilibrio natural de las cadenas alimentarias y, a largo plazo, podría afectar la calidad del agua destinada al consumo humano.
Frente a este escenario, los investigadores remarcaron la necesidad de implementar monitoreos periódicos de la calidad del agua tras grandes incendios forestales. Sostienen que estas evaluaciones permiten detectar a tiempo posibles riesgos ambientales y sanitarios, además de aportar información clave para proteger a las comunidades que dependen de esos recursos hídricos.









