La complicada semana política que atravesó Javier Milei reactivó movimientos dentro de la oposición, aunque lejos de acelerar una reunificación del peronismo parece haber reforzado una estrategia que Axel Kicillof viene sosteniendo desde hace meses: postergar cualquier definición sobre la conducción y concentrar sus esfuerzos en fortalecer su propio armado.
En el entorno del Gobernador consideran que sentarse ahora a negociar con Cristina Kirchner y el resto de los sectores del PJ implicaría hacerlo en condiciones de relativa paridad. La apuesta es diferente: dejar correr los meses con la expectativa de que Kicillof llegue a 2027 convertido en el precandidato presidencial más instalado del espacio y, desde esa posición, tenga mayor capacidad para imponer las condiciones de un eventual acuerdo.
Esa lectura explica también por qué el mandatario bonaerense busca evitar una escalada pública permanente con Máximo Kirchner y concentra sus cuestionamientos sobre el Gobierno nacional. En el Movimiento Derecho al Futuro (MDF) interpretan que existen movimientos destinados a acelerar una negociación por el poder interno y consideran que aceptar ahora esa discusión sería funcional a sus adversarios dentro del propio peronismo.
Mientras la pelea por la conducción permanece congelada, el kicillofismo avanzará durante los próximos meses con el ordenamiento territorial de su espacio. Carlos Bianco tendrá un papel central en la construcción bonaerense, mientras que Andrés Larroque trabajará sobre el armado nacional. También aparecen con roles importantes Gabriel Katopodis y los intendentes Julio Alak y Jorge Ferraresi. Hacia septiembre, el sector proyecta realizar un acto para mostrar el crecimiento de esa estructura.

En paralelo, Sergio Massa volvió a quedar en el centro de la conversación política después de las derrotas legislativas sufridas por Milei en torno a la reforma de la ley de manejo del fuego y el capítulo relacionado con la extranjerización de tierras. Desde el Frente Renovador dejaron trascender que el exministro de Economía habría intervenido ante gobernadores como Gustavo Sáenz, Osvaldo Jaldo, Rolando Figueroa y Hugo Passalacqua para bloquear las iniciativas impulsadas por el oficialismo.
A esa ofensiva se sumó la difusión de una encuesta de la consultora Alaska, dirigida por Juan Courel, que plantea un eventual escenario de balotaje entre Massa y Milei. Según ese trabajo, el dirigente del Frente Renovador alcanzaría el 53,7% frente al 46,3% del Presidente, en un contexto atravesado por el deterioro del poder adquisitivo, la caída del consumo y el impacto de la política económica.
Para el kicillofismo, independientemente de cuánto hayan incidido efectivamente Massa o Cristina Kirchner en esos movimientos, existe una coincidencia de intereses que apunta a mantener abiertas otras alternativas presidenciales y acelerar una definición interna. Esa percepción terminó reforzando la postura del Gobernador: cuanto más tarde llegue la negociación, consideran en su entorno, mejores serán sus posibilidades de sentarse a discutir desde una posición dominante.

La estrategia no está exenta de riesgos. En el propio oficialismo bonaerense reconocen que gobernar la Provincia implica afrontar variables económicas, sociales y de seguridad capaces de modificar rápidamente el escenario. Un episodio grave de inseguridad, un conflicto salarial prolongado o cualquier crisis inesperada podría erosionar la ventaja que hoy Kicillof cree obtener esperando.
Pese a esas amenazas, la decisión política aparece tomada. El Gobernador buscará atravesar los próximos meses fortaleciendo al MDF, evitando una definición anticipada con el kirchnerismo y apostando a que el tiempo reduzca la capacidad de condicionamiento de Cristina Kirchner y Massa. Recién entonces llegaría la discusión definitiva: un acuerdo para ordenar al peronismo detrás de una candidatura presidencial o una interna para resolver quién ejercerá la conducción.
FUENTE: Dib







