El Niño continúa mostrando señales de fortalecimiento y los principales modelos climáticos internacionales anticipan un escenario de elevada intensidad hacia el cierre de 2026. La evolución del fenómeno podría tener consecuencias sobre las temperaturas y el régimen de lluvias durante los próximos meses.
Según la última actualización de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), existe una importante coincidencia entre los distintos centros de predicción sobre la continuidad del proceso de intensificación. Christian Garavaglia, meteorólogo de Meteored, señaló que se trata de uno de los pronósticos más contundentes conocidos hasta el momento.
“El fenómeno todavía no tocó su techo, y el Pacífico sigue acumulando calor por debajo de la superficie”, explicó el especialista.
Uno de los indicadores centrales es el índice Niño 3.4, que promedió una anomalía de +1,5 °C entre mayo y julio y llegó a acercarse a los +2 °C durante ese último mes. Posteriormente, los registros semanales se ubicaron entre +2,2 y +2,6 °C, una evolución que marca la continuidad del calentamiento.
Otro elemento que siguen de cerca los especialistas está debajo de la superficie del océano. Durante julio y comienzos de agosto fueron detectados sectores con temperaturas superiores en más de 8 °C a los valores normales, una importante reserva de calor capaz de contribuir al mantenimiento e intensificación del fenómeno.
La magnitud de El Niño no significa, sin embargo, que todas las regiones vayan a experimentar las mismas consecuencias. Sus efectos dependen de cada zona, de la época del año y de la interacción con otros patrones climáticos. Un episodio particularmente fuerte sí puede alterar la circulación atmosférica y favorecer escenarios de inundaciones, sequías u olas de calor en diferentes partes del planeta.
Para el trimestre comprendido entre septiembre y noviembre de 2026, los modelos muestran mayores probabilidades de temperaturas superiores a las normales en gran parte de las áreas continentales. En materia de precipitaciones, en cambio, las perspectivas presentan diferencias importantes dependiendo de cada región.
El escenario también estaría condicionado por una probable fase positiva del Dipolo del Océano Índico y por temperaturas superiores a las habituales en el Atlántico tropical. De mantenerse las proyecciones actuales, El Niño alcanzaría su máxima intensidad hacia finales de 2026, aunque sus efectos podrían continuar durante los primeros meses de 2027.








