La importante crecida de los principales ríos del Litoral encendió la preocupación por las posibles consecuencias que podría tener en La Plata, Berisso y Ensenada. Las abundantes lluvias registradas en las cuencas del Paraná, Uruguay, Iguazú y Paraguay provocaron un aumento significativo de los caudales, que durante las próximas semanas avanzará hacia el Delta y el Río de la Plata.
Uno de los registros más preocupantes se produjo en Ituzaingó, Corrientes, donde el río Paraná alcanzó los 4,03 metros y superó el nivel de evacuación. Ante el incremento del volumen de agua, la represa de Yacyretá abrió las 18 compuertas de su vertedero principal, mientras que los caudales entrantes rondaban los 28.000 metros cúbicos por segundo. Una situación similar se registró sobre el río Uruguay, con alturas superiores a los niveles de evacuación en distintas localidades.
El Instituto Nacional del Agua (INA) advirtió sobre el desplazamiento de las ondas de crecida hacia los tramos inferiores del Paraná durante la segunda mitad de octubre. Aunque el fenómeno no se traslada inmediatamente ni con la misma intensidad hacia el Río de la Plata, el incremento sostenido de los aportes fluviales obliga a seguir de cerca la evolución de los niveles del estuario.
La principal preocupación para Berisso y Ensenada es que esta mayor cantidad de agua coincida con una sudestada. Los vientos persistentes del sudeste pueden elevar considerablemente el nivel del Río de la Plata e impedir el normal escurrimiento de los cursos de agua. En ese escenario, los sectores más expuestos serían Punta Lara, Isla Santiago y las zonas costeras de Palo Blanco, Bagliardi y La Balandra.

Los antecedentes muestran que estas localidades son especialmente vulnerables. En febrero de este año, una crecida cercana a los 3,10 metros en Puerto La Plata obligó a las autoridades a adoptar medidas preventivas y mantener activos los sistemas de bombeo. Incluso niveles inferiores provocaron inconvenientes en sectores bajos, por lo que una eventual combinación de crecida y sudestada podría generar complicaciones.
En La Plata, el riesgo estaría relacionado principalmente con el funcionamiento del sistema de drenaje. Cuando el Río de la Plata presenta niveles elevados, los arroyos que desembocan en el estuario encuentran mayores dificultades para descargar el agua. Si esta situación coincide con lluvias intensas, podrían prolongarse los anegamientos en distintos sectores de la ciudad, especialmente en las cuencas de los arroyos El Gato y Maldonado.

A este panorama se suman las perspectivas de precipitaciones superiores a los valores normales en sectores del Litoral durante los próximos meses. Sin embargo, los especialistas aclaran que las tendencias climáticas y las crecidas registradas aguas arriba no permiten anticipar por sí solas una inundación en el Gran La Plata. La evolución dependerá también de los vientos, las mareas y las lluvias locales.
Por el momento, no existe un pronóstico oficial de inundaciones para La Plata, Berisso y Ensenada asociado directamente con la crecida de los ríos del Litoral. De todos modos, las próximas semanas serán importantes para evaluar el comportamiento del Río de la Plata y determinar si el aumento de los caudales, combinado con una eventual sudestada, podría representar un riesgo para la Región.









