Una fiesta de Halloween realizada durante el fin de semana en el estadio de Estudiantes de La Plata terminó envuelta en un escándalo. Decenas de jóvenes denunciaron haber sufrido robos de celulares y pertenencias personales durante el evento denominado “La Picheo 808”, desarrollado debajo de la platea de calle 115. Las acusaciones también alcanzaron al personal de seguridad privada, señalado por presuntas irregularidades al momento de intervenir.
Según una denuncia penal presentada en la Comisaría Novena de La Plata, los hechos ocurrieron alrededor de las 4:50 de la madrugada, principalmente en las inmediaciones de la Puerta 8. Los damnificados describieron una modalidad de robo tipo “piraña”, mediante empujones y movimientos coordinados entre la multitud, con el objetivo de sustraer teléfonos celulares de alta gama.
Uno de los testimonios incorporados a la denuncia corresponde a una joven a la que le robaron un iPhone 15 negro. Tras advertir lo ocurrido, persiguió al sospechoso hasta uno de los accesos y pidió ayuda a los encargados de seguridad. Sin embargo, según su declaración, recibió una respuesta que generó indignación: “Nosotros no podemos intervenir y no podemos revisar”. El individuo señalado habría logrado regresar al interior del predio.
La situación se volvió todavía más polémica cuando otros asistentes denunciaron que algunos sospechosos, vestidos con ropa deportiva e insignias de Estudiantes, ingresaban y salían del estadio sin mayores inconvenientes. Incluso, de acuerdo con el relato presentado ante la Policía, cuando parte del personal comenzó a revisar a los señalados, un responsable de la seguridad privada habría ordenado suspender los controles. “Listo, no revisemos más a nadie”, habría sido la indicación que permitió que el grupo se retirara.

Las denuncias no terminaron allí. Varias víctimas consiguieron rastrear sus celulares mediante aplicaciones de geolocalización y descubrieron que los dispositivos habían sido trasladados rápidamente hasta la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Según los registros aportados por los damnificados, algunos equipos aparecieron ubicados en el barrio porteño de La Boca.
La bronca también se trasladó a las redes sociales, donde jóvenes y familiares cuestionaron la actuación de los organizadores, el personal de seguridad privada y los efectivos policiales. Además de denunciar la falta de respuestas, aseguraron haber recibido malos tratos cuando intentaron pedir asistencia y reclamaron explicaciones por las condiciones en las que se desarrollaron los controles.
En ese contexto, algunos damnificados plantearon sospechas sobre una posible complicidad o la existencia de una presunta zona liberada en determinados accesos al estadio. Sin embargo, se trata de acusaciones que deberán ser investigadas y que hasta el momento no constituyen hechos acreditados judicialmente.
El caso quedó bajo investigación y uno de los puntos centrales será determinar qué ocurrió durante la madrugada, identificar a los responsables de los robos y establecer si existieron irregularidades en el operativo de seguridad. Para ello, resulta clave el análisis de las cámaras del estadio y la actuación de las empresas privadas contratadas para el evento.









