El “Plan de las Plazas” parece haber llegado a su techo político y, aunque nadie desconoce el impacto positivo que tuvo la recuperación de los espacios públicos, dentro del peronismo platense comienza a instalarse una discusión incómoda sobre las prioridades de la gestión de Julio Alak. A un año de las elecciones, distintos referentes del oficialismo, incluso dirigentes identificados con el propio alakismo, consideran que el intendente necesita modificar su agenda, recuperar presencia territorial y mostrar con mayor contundencia otras transformaciones que viene llevando adelante la Municipalidad.
La discusión no pasa necesariamente por cuestionar las obras realizadas en plazas y parques, sino por el protagonismo que adquirieron dentro de la comunicación oficial. “Alak hizo cosas mucho más importantes y profundas que no están llegando a la gente”, es uno de los diagnósticos que circulan entre dirigentes del peronismo local. En ese sector entienden que la recuperación de los espacios verdes funcionó como una primera etapa de gestión, pero que insistir con la misma fórmula puede terminar generando un desgaste innecesario, especialmente cuando todavía existen problemas cotidianos que esperan respuestas.

Uno de los ejemplos que mencionan es la política de seguridad. Dentro del peronismo platense destacan los operativos de saturación que viene realizando el Municipio en distintos barrios y consideran que sus resultados merecen una mayor visibilidad. También plantean la necesidad de recuperar el protagonismo de las Juntas Comunales, con presencia territorial, objetivos alcanzables y respuestas concretas a los reclamos vecinales. La preocupación es que la gestión quede asociada principalmente a la renovación de plazas cuando existen otras intervenciones municipales que podrían tener mayor peso político.
Pero el debate interno también tiene un costado mucho más incómodo: el estado de las calles después de las lluvias. En distintos puntos de La Plata se multiplicaron las imágenes de barrios completamente embarrados, vehículos atrapados y vecinos que denuncian dificultades para salir de sus viviendas. Las consecuencias exceden las molestias habituales: hay chicos que no pueden llegar a la escuela, servicios de recolección de residuos que no logran ingresar a determinadas cuadras y sectores productivos, especialmente vinculados con el cordón frutihortícola, que también sufren las consecuencias.

La imagen de un camión recolector de basura encajado en el barro terminó convirtiéndose en una postal difícil de explicar para el oficialismo. Es el lado B de una ciudad que busca mostrar espacios públicos renovados mientras parte de su periferia continúa enfrentando problemas estructurales de infraestructura. En ese contexto, algunos dirigentes consideran que los efectos de las lluvias asociadas al fenómeno de El Niño no fueron suficientemente contemplados en la planificación preventiva, aunque reconocen que muchas de las deficiencias de las calles vienen de administraciones anteriores y requieren inversiones de largo plazo.
En paralelo, existe una valoración positiva sobre la reincorporación de exfuncionarios con experiencia en el área de Riesgo, algunos de los cuales ya trabajaban en la gestión municipal después de la inundación de 2013 y antes de la llegada del PRO al gobierno local. Sin embargo, dentro del propio peronismo advierten que contar con equipos experimentados no alcanza si los resultados no se traducen en soluciones visibles. La sucesión de denuncias vecinales difundidas por medios de comunicación y redes sociales volvió a poner sobre la mesa una discusión sobre la capacidad de anticipación y respuesta del Municipio.

A ese escenario se sumó la polémica por la placa instalada tras la remodelación de Plaza España, donde el Municipio utilizó la palabra “Inauguración” para presentar la renovación de un espacio público histórico. El periodista Pablo Morosi fue uno de los primeros en cuestionar la inscripción y recordó irónicamente las prácticas de los exgobernadores Eduardo Duhalde y Carlos Ruckauf de colocar nombres de funcionarios en las obras públicas. A las críticas se sumó el senador provincial Marcelo “Chuby” Leguizamón, quien apuntó especialmente contra la inclusión del concejal oficialista Sergio Resa junto al intendente Julio Alak. “Más allá del síndrome Ruckauf, es la primera vez que veo a un concejal como responsable de la inauguración”, ironizó. El exconcejal radical Javier Mor Roig también se expresó en contra. Así, una obra de más de 2.600 millones de pesos, que incluyó importantes mejoras en infraestructura, iluminación y equipamiento, terminó envuelta en una controversia que volvió a poner bajo la lupa la manera en que el Municipio comunica sus intervenciones.
La comunicación del intendente es, precisamente, otro de los puntos que generan ruido. “Mucha foto de escritorio, se lo ve poco en la calle”, cuestionó un dirigente del peronismo al describir una agenda que considera intermitente y poco atractiva desde el punto de vista político. En ese sector creen que Alak necesita recuperar una presencia más cotidiana en los barrios, escuchar reclamos y mostrar respuestas, en lugar de concentrar buena parte de su exposición pública en reuniones institucionales, actividades protocolares y anuncios.

La preocupación quedó resumida en una frase que refleja el malestar de algunos sectores oficialistas: “Este no es el Alak que extrañábamos en 2023. No sabemos si es decisión de él o quién lo asesora, pero a un año de las elecciones no está llegando a la gente como tiene que llegar”. Los más pesimistas aseguran que basta con recorrer los comentarios de las publicaciones de los principales diarios de la región para advertir un clima de desencanto que, según su interpretación, aparece incluso debajo de noticias positivas para la ciudad. Se trata de una percepción política que empieza a preocupar, aunque las reacciones en redes sociales no necesariamente representan el humor del conjunto de los platenses.
Sin embargo, no todos comparten ese diagnóstico. Un dirigente muy alineado con el intendente relativizó las críticas y recordó que Alak suele administrar los tiempos políticos de una manera particular. “No conocen al Turco, sabe manejar muy bien los tiempos. A veces desgasta y sorprende con una batería de obras, ya pasó en 2024”, aseguró. Para ese sector, el jefe comunal conserva capacidad de iniciativa y todavía tiene margen para recuperar centralidad con nuevos anuncios y obras que podrían modificar el clima político.

Desde el círculo más cercano al intendente también reconocen que existen dificultades para transmitir algunos avances, pero rechazan que el problema sea el rumbo de la administración. “Nosotros vemos que la obra de Plaza España cayó muy bien, tenemos ruido con el Saavedra, pero con el tiempo vamos a demostrarles que estamos en el camino correcto. Coincido que por ahí no estamos llegando a los platenses con muchas de las cosas importantes que venimos haciendo, pero entiendo que es un error de comunicación que deberíamos mejorar”, le confió a un periodista de LAPLATA1.com una de las personas de mayor confianza de Alak.
En definitiva, la discusión que empieza a atravesar al peronismo platense no es solamente comunicacional. Algunos creen que el “Plan de las Plazas” cumplió su ciclo, que fue exitoso y que ahora necesita dejar lugar a una nueva etapa, enfocada en los servicios, la infraestructura barrial, la seguridad y las respuestas cotidianas. Otros sostienen que el problema no está en las prioridades, sino en cómo se muestran los resultados y en los tiempos elegidos por el intendente. Lo cierto es que, a un año de las elecciones, incluso dentro del oficialismo aparece una advertencia: renovar plazas puede mejorar la ciudad, pero no alcanza para sostener una gestión si los vecinos siguen esperando soluciones frente a sus casas.








